martes, 31 de julio de 2012

Castlevania: Bloodlines


Castlevania: Bloodlines es el único Castlevania que podíamos disfrutar en la Mega Drive, allá por el año 1994. Desarrollado por Konami, el juego es un plataformas de toda la vida sin ningún tipo de novedad significativa en relación a sus primos de la Super Nintendo. Más allá de ser el único Castlevania para la Mega Drive, estamos ante a un juego digno de su catálogo, proclamándose uno de los mejores juegos del género.

Tomad pose

Si bien he jugado a todos los Castlevania portátiles desde la Game Boy Advance (bueno, me falta uno para haberlos jugado todos, pero no tardaré) he de reconocer que soy un perfecto inculto de la saga. La razón es que de pequeño yo me decanté por Mega Drive, así que no caté ningún Castlevania hasta la aparición de Castlevania: Bloodlines. Ya de mayor si he jugado a los más significativos, y he disfrutado como un enano con el maravilloso Symphony of the Night, pero lo cierto es que le tengo un cariño especial al juego del que hablo hoy.

No es necesario a estas alturas que me ponga a decir cómo son los Castlevania. Mezcla de plataformas y acción que se basan en luchar con monstruos de toda clase y con enemigos de fin de fase más grandes que la pantalla, propio de Konami. Castlevania: Bloodlines no es nada distinto a todo ello.

No valoráis el hecho de que me ponga a sacar capturas en saltos mortíferos

Iremos viajando por el viejo continente europeo visitando lugares emblemáticos, desde la Torre de Pisa hasta el Palacio de Versalles, aniquilando a zombies, medusas, esqueletos, vampiros y demás criaturas salidas del inframundo. Un total de seis niveles diferentes con sus propios jefes de fin de fase y minijefes a mitad de pantalla. Contamos con Passwords para progresar en nuestra aventura, así como un total de dos continuaciones (pocas cosas hay más reconfortantes que ver el pantallazo de Game Over y que luego te aparezca debajo “continue?”).

Versalles

Los encargados esta vez de aniquilar a Drácula son John Morris y Eric Lecarde. El primero es un descendiente de la familia Belmont, e hijo de Quincy Morris, el personaje de la novela Dracula de Bram Stoker. Lleva el clásico látigo, y sus movimientos dificultan bastante el juego. En concreto, el hecho de que sólo pueda atacar en diagonal cuando está saltando es de locos. En contraposición, Eric Lecarde es mucho más ágil y cuenta con mejores movimientos. Eric es un español (de Segovia) que va armado con la lanza de Alucard, y que se mueve por un sentimiento de venganza oculta. El juego es bastante más fácil con Eric, y sin duda como personaje resulta más atractivo que su compañero de fechorías.

El par de dos. Eric a la izquierda y John a la derecha

La elección de personaje sólo varía cierto par de zonas, pero el juego básicamente es el mismo. Más allá de la dificultad implícita de elegir a un personaje o a otro el juego cuenta con dos niveles de dificultad además de un nivel experto desbloqueable al acabar el juego. No es un juego difícil, aunque tiene algunos momentos duros. El hecho de tener Passwords hace más sencilla la cosa, aunque hay que advertir que son Passwords trampa, ya que en el código va el número de vidas restantes así como continuaciones. Conviene repetir algún nivel para evitar perder demasiadas vidas y llegar con cierto colchón a la marabunta de jefes finales del último nivel.

No es un error, y sí, el nivel es asqueroso

La música es épica, compuesta por Michiru Yamane. No llega a los niveles de Symphony of the Night, claro está, pero hay ciertos temas bastante memorables. Los efectos de sonido también completan un juego que tiene cosas a destacar en todas sus artes. Lo mismo pasa con los gráficos, especialmente vistosos, coloridos e inusualmente sangrientos (lo que llevó a problemas de censura en determinadas regiones).

Mi nivel favorito visualmente

La sensación final que deja Castlevania: Bloodlines es que es un gran juego de plataformas, pero a su misma vez el título de Castlevania le pesa mucho. Por lo que sé, es mirado con buenos ojos y no como la oveja negra de la familia, pero sí que hay cierto sentimiento de que es el rarito. A mí me encantaba de pequeño, y ahora que me lo he vuelto a pasar de todas las maneras habidas y por haber me sigue pareciendo uno de los grandes de la era de 16-bit.


PUNTUACIÓN
8

5 comentarios :

  1. Pues ahora tiene más sentido el Portrait of Ruin

    ResponderEliminar
  2. Es uno de los grandes, lo que pasa es que sus hermanos le tapan, creo que por ser el único que salió para MegaDrive.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sin duda es la "oveja negra" por lo que dices, pero en calidad está a un mismo nivel que la mayoría de la saga, y superior a algunos incluso. Para los que teníamos solo la Mega Drive era desde luego más que un consuelo xD

      Eliminar
  3. Reconozco que antes me gustaba más el Super Castlevania IV que el Bloodlines, pero con el tiempo se han ido igualando en mis gustos hasta que, a día de hoy, me gusta más el Bloodlines. Lo veo un juego mucho más dinámico, rápido y arcade, gráficamente espectacular, estupenda música y el estilo cambia por completo al escoger a un personaje u otro al tener los dos diferentes caminos gracias a sus habilidades. Un juegazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Por fin he dejado de sentirme solo *_*.

      Además de lo que dices el diseño en sí más allá de los gráficos me encanta. Me parece un juego redondo en muchos sentidos. Que pena que en Mega Drive no disfrutaramos de más Castlevania U_U

      Eliminar