jueves, 31 de octubre de 2013

Outlast

Una de las sorpresas-no sorpresas del año. Outlast es de los pocos juegos que sobreviven a su trailer inicial y ofrecen exactamente todo lo que promete. Una aventura de terror donde escapar y ocultarnos serán nuestras únicas armas, con una mezcla ideal entre ambientación y susto fácil.



El trailer de Outlast parecía un falso gameplay. En él podíamos ver a un hombre entrando dentro de lo que parecía una institución para pacientes con problemas mentales con una cámara en mano que le permitía ver en la oscuridad con su visión nocturna. Veíamos como iba apoyándose en las paredes para asomarse, y finalmente presenciábamos una persecución trepidante que parecía una carrera de obstáculos en la que además podías mirar atrás, como si de un juego de carreras se tratase, para finalmente presenciar como el personaje se metía debajo de una cama para ocultarse de su perseguidor. Pocas veces un trailer sin gameplay fue tan justo con la realidad. Y es que Outlast es principalmente eso, un juego que hace un poco lo mismo que han venido haciendo los grandes del género últimamente (Amnesia, su floja secuela o Penumbra), pero con unos cuantos detalles puntuales que le hacen ser muy notable.

Gráficamente es bastante sensacional

En Outlast encarnamos a un periodista que pretende recopilar pruebas sobre las operaciones que se han realizado en el Mount Massive Asylum, un hospital psiquiátrico. Pronto las encontrará pero cuando intenta salir de allí la cosa se complica. En todo momento nuestro objetivo será, simplemente, encontrar la salida de ese lugar infernal, aunque ello suponga desvelar la mayoría de los secretos que alberga la institución. Una historia que desde luego no es su punto fuerte, sobre todo teniendo en cuenta la floja parte del final, pero que da el pego para un juego en donde estás más pendiente de sobrevivir que de saber qué está pasando.

Entrar en el lugar ya da miedo

El juego no funciona muy distintamente de lo que venimos viendo en el género. No podremos defendernos en ningún momento, y básicamente nos dedicaremos a pasar inadvertidos activando válvulas, recogiendo llaves y pulsando botones que abran las puertas que nos permitan seguir el camino hacia la salida. Por supuesto, los "mutantes", por llamarlo de alguna manera, que allí se encuentran, nos harán dicha tarea difícil, y en cuanto entablen contacto visual con nosotros o hagamos un ruido más sonoro de la cuenta se pondrán a perseguirnos a una considerable velocidad, requiriendo que nos ocultemos en una taquilla o debajo de una cama. Es entonces cuando el enemigo se pondrá a buscar aleatoriamente por los escondites de la habitación, pudiendo encontrarnos o no, y dándose el primer caso exigiendo una nueva carrera hacia un nuevo escondrijo.

Pero si alguien pregunta por Outlast lo primero que le dirán es "ese juego donde llevas una cámara con visión nocturna". En un mundo donde las películas de material encontrado en cámaras de mano está todavía de moda, Outlast saca buen partido de la idea. Podemos jugar a ser periodistas y grabar cada una de las cosas con las que nos vamos topando. Cada vez que nos topamos con algún evento, si lo grabamos, añadiremos notas a la investigación. Sin embargo, jugablemente, la visión nocturna de la cámara es la que da la razón de ser a Outlast, y he de decir que la cosa es mejor de lo que parecía.

El zoom de la cámara es también fundamental

La oscuridad en Outlast es francamente inquietante, sobre todo en esos momentos en los que por cualquier caso tenemos la visión nocturna apagada y suena música de que hay algo persiguiéndonos. La oscuridad sin visión nocturna es total, y muchas veces se presta a la claustrofobia y al pánico como cuando salimos por primera vez al exterior en medio de un diluvio. La cámara funciona con baterías que sólo se gastan al usar la visión nocturna, y se gastan bastante rápido. Estas pilas serán, junto a documentos, los únicos objetos que debemos preocuparnos de buscar en nuestra aventura.

Escondido debajo de una cama

Outlast es un juego de detalles más que un concepto nuevo y revolucionario. Es una chorrada, pero me gustó mucho el detalle de que se apoyara con las manos cada vez que nos acercábamos a la pared, dando mayor sensación de estar asomándose cuando usamos las teclas por defecto Q y E para echar un vistazo sin ser detectados. También goza de un excelente apartado sonoro, aunque lejos del fantástico Amnesia: A Machine for Pigs en este aspecto. Escucharemos la respiración acelerada de nuestro personaje y nos ayudará a meternos todavía más en su papel.

A Outlast le falta un poco más de "acción". Hay una parte prodigiosa en la que somos perseguidos y tenemos que ir bloqueando puertas y tomando distintos caminos, una parte donde los reflejos y el instinto de supervivencia primaban por encima de cualquier otra cosa. Parte que me recordó a otra de Call of Cthulhu: Dark Corners of the Earth. Una de las mejores partes que he jugado en el presente año 2013, pero eso se ve bastante poco, y hay demasiadas partes de la estructura de juego básica, lo cual hace que se piense en la variedad que hubiera podido tener. No es que esté pidiendo mucho más, porque el juego acabaría pareciendo un Call of Duty con todo predeterminado, pero le hubiera venido bien un poco más de adrenalina, sobre todo con la tontería de poder pulsar un botón para mirar atrás en plena carrera que daba un juego tremendo.

Sin miedo a spoilers, quien vea esto y haya jugado sabrá de lo grande de esta parte

Conviene hablar del tipo de terror que encontramos en Outlast. En el fondo es un juego más de susto que de ambientación. Menos psicológico de lo que pudiera parecer en un principio, pero los escenarios están tan bien cuidados que acaban aportando una mezcla entre ambos tipos de miedo muy eficaz. Todo se ve muy terrenal, o por lo menos la primera parte, y eso hace que lo sintamos más cercano. Digamos que no es un juego que abuse de ninguno de los dos miedos, no hay grandes sobresaltos ni tampoco hay partes donde estemos paralizados por el terror. Se sitúa en la perfecta intersección de ambos tipos de miedo.

Un buen charco de sangre a tiempo crea una amorosa ambientación

Outlast es uno de los juegos a tener en cuenta este año. Como digo no es ninguna revolución jugable, pero está muy bien hecho. Es como el asentamiento de un género que ya ha tenido algunos que otros productos. Puede que le esté concediendo más de lo debido por haber sufrido recientemente el lamentable Amnesia: A Machine for Pigs, pero tampoco hay que quitarle sus méritos propios.

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