domingo, 1 de diciembre de 2013

Chivalry: Medieval Warfare

Niños, sentaos alrededor de esta hoguera que os voy a contar mis aventuras.



Venid, venid y escuchad la leyenda de NeoJin, el luchador más terrible de todos los tiempos. Ahora me veis viejo y haraposo, pero yo una vez alcé mi espada para los Caballeros de Agatha. Hay malas lenguas que dicen que también formé filas con la Orden Masón, pero son meras habladurías. Viví la gloria a lo largo de un montón de misiones y rebané cabezas como lonchas de pan de molde (ese pan que ya sabéis es tan popular en la Edad Media). Siempre me mantuve fiel a mi rol de soldado, y armado con mi espada y mi escudo destacaba por mis habilidades en combate. Pocas fueron las veces que acabé herido, y la gente hablaba de mí como un soldado con un don de nacimiento. La esperanza del reino.

Defendí el granero, liberé a soldados esclavizados en la misma fortaleza de la Orden Masón y participé en la famosa batalla del ariete a campo abierto. Defendí a los pobres aldeanos del asedio de los invasores y salvé la vida del rey en numerosas ocasiones con mi espada y mi escudo. Siempre alerta, siempre pendiente de dónde estaba la punta de la espada del enemigo rival. Arqueros, soldados, caballeros y líneas de vanguardia han caído por el acero que blandían estas manos que ahora mismo tenéis delante.

Marchad, y contad la leyenda de NeoJin, el soldado definitivo que defendió el reino como nadie jamás ha visto.

Venid, venid y escuchad la leyenda de NeoJin, el luchador más risible que han tenido el dudoso placer de contemplar mis ojos. Verle en el campo de batalla era sinónimo de hilaridad. Eso cuando podías verle, porque se tiraba el 90 % de la batalla en la enfermería curando las heridas que le habían producido. No eran pocas las veces que caía a manos de sus propios compañeros, ni pocas las veces que se ponía justo en el centro de un proyectil de catapulta. El muchacho tenía voluntad, y luchó en mil batallas, pero caía nada más empezar.

La cosa era tan grave y tenía tanta ansia de gloria que incluso decidió pasarse muchas veces a nuestro bando, el de los caballeros de la Orden Masón. Le admitimos varias veces, porque pensamos que, teniendo en cuenta las ocasiones en las que propiciaba muertes dentro de su propio bando por error, empezamos a creer que tenía un don para matar simplemente Caballeros de Agatha. Salimos pronto de dudas cuando empezaron a producirse bajas en nuestro bando a sus manos.

Lo veías siempre salir gritando, como si se fuera a comer el mundo. Luego no reconocía amigo y enemigo. Se metía en todos los fregados y casi nunca acertaba a dar al enemigo. Eso sí, los mandoblazos siempre caían a nuestro lado. Tengo como diez cicatrices  suyas a lo largo de todo el cuerpo por haber compartido fila con él. Era salir de los barracones, pegar dos o tres gritos intimidatorios, dar dos espadazos que acababan siempre dándonos a nosotros y volver en camilla. Al rato te lo volvías a ver aparecer con otro rol distinto. Unas veces arquero, otras vanguardia, otras caballero. Nunca se mantuvo en la misma función y acabó por no saber de nada.

Lo último que supe de él es que se retiró porque "se aburría". Decía que a él le va más disparar flechas y mantenerse alejado del campo de batalla buscando protección que entrando a una batalla cuerpo a cuerpo. Como el mundo no acabe haciendo guerras a base de proyectiles en vez de espadas no sé qué futuro tiene el muchacho.



2 comentarios :