domingo, 26 de enero de 2014

War of the Worlds

Una rareza de niveles estratosféricos. War of the Worlds es un matamarcianos (esta vez muy literal) basado en la novela de H. G. Wells lanzado en 1979 con los vectores como principales protagonistas.

Esto vale una millonada


Cuando digo que es una rareza no me refiero a que tenga un género peculiar o algo así, porque War of the Worlds es simplemente un clon de Space Invaders más con la particularidad de sus gráficos vectoriales. Me refiero a que es un juego difícil de conseguir (salvo que como yo tengas el emulador MAME, no os penséis que yo tengo acceso a estas cosas) y que está catalogado con un 3 sobre 100 en la escala de rarezas de la Nation Game Preservation Society (siendo 1 el valor otorgado a los más raros). Se llegaron a crear en torno a diez de estas recreativas de War of the Worlds.

La primera versión, en blanco y negro, fue lanzada en 1979 y no tuvo una gran recepción. En el juego manejamos a una especie de tanque que pretende frenar el ataque alienígena de los marcianos que quieren conquistar la tierra. Al contrario de lo que vimos en la película de Byron Haskin las naves aquí son trípodes de tamaño desmesurado tal y como se describen en la novela de Wells. Para conseguir una apropiada defensa de la Tierra debemos disparar a los invasores y, sobre todo, defendernos con nuestros escudos de sus rayos mortales.

Primera versión, en blanco y negro

Es ésta y no otra la clave para sobrevivir el mayor tiempo posible en el difícil juego desarrollado por Cinematronics. El escudo se nos gasta, así que debemos economizar su uso porque ni siquiera obtendremos algún tipo de objeto que nos lo recargue. Una vez se acabe, las posibilidades de supervivencia son ínfimas ya que los trípodes son especialmente aleatorios tanto en sus propios movimientos como en la propia dirección de sus rayos. Básicamente para golpearles tendremos que exponernos poniéndonos en medio de su línea de ataque, lo cual se hace casi imposible sin el mencionado escudo.

El escudo es la única manera de seguir con vida

A la ya de por sí poca esperanza de vida que tenemos, hay que unirle el hecho de que el juego tiene serios problemas para procesar lo que ocurre en pantalla, y no serán pocas las veces que nuestra nave no responda a los comandos que introducimos. Si conseguimos olvidarnos de ello, tendremos un matamarcianos curiosete, pero mucho más atractivo por su factor rareza que por lo que presenta como juego en sí.


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