lunes, 20 de enero de 2014

Mickey's Ultimate Challenge

Ya visteis su hermano menor hace unos días para Game Boy, y dije que le tenía tanto cariño al juego que estaba deseando jugar al de Super Nintendo y que no tardaría. Así ha sido, y he de decir que me he defraudado algo ya que esperaba algo más.



Más que nada porque estamos ante el mismo juego, idéntico. Esto lleva a la conclusión evidente de que ambos deberían compartir puntos negativos y positivos, así como la puntuación, pero no es del todo así. La única razón es que cuando un juego de una consola de 8-bit luce igual que uno de 16-bit es que algo malo está pasando. La única diferencia se encuentra en los colores y en la calidad de los sprites, pero fuera de eso estamos ante el mismo juego. Y a eso hay que añadirle el hecho de que mi enorme componente nostálgico no se encuentra presente en la versión de Super Nintendo, ya que es la primera vez que la veo. Me hizo una ilusión digamos "especial", pero nada que ver con lo de Game Boy. Así que si quieres un análisis mucho más objetivo y menos nostálgico sin duda quédate con éste para ambos.

Este tipo de puzle suele ser siempre de mis favoritos

Seis diferentes puzles o minijuegos que debemos concluir con el objetivo de resolver el misterio de los temblores que están perjudicando a un castillo al que hemos llegado por gracia y obra de los sueños. Cada uno de los puzles resueltos nos da un objeto que luego podremos intercambiar por las semillas mágicas necesarias para subir a los cielos y comprobar qué es lo que está pasando. No hay ningún minijuego ni apartado nuevo, es todo tal cual ocurría (mismo texto incluso si no me equivoco) en Game Boy.

En las nubes se encuentra el misterio de los temblores

Orientado hacia un público plenamente infantil, Mickey's Ultimate Challenge ofrece tres niveles de dificultad y dos personajes a elegir (esta vez me decanté por Minnie, por variar un poco la cosa). En cualquier caso, las diferencias de dificultad no son tan grandes, y van más por extender la duración de los puzles que por ofrecer retos más desafiantes.

Está claro que si hubiera tenido una Super Nintendo de pequeño y no una Game Boy y me hubiera hecho con este juego ahora estaría hablando con amor de él y echaría alguna peste del otro. En realidad no son pestes, es sólo que es un juego demasiado vacío y corto como para dedicarle demasiada atención. Más todavía si tenías que comprarlo en aquella época e incluso si lo quería para tu yo más pequeño o para comprárselo a tus hijos.


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